El hombre que no podía captar la ironía


Imaginemos a una persona que no es capaz de captar la ironía. Alguien que recibe las palabras como si fueran un texto plano de un chat, de esos en los que se necesita terminar un chiste con un “jajaja” para indicar que se está hablando en broma. En estos días, un grupo de científicos de la Universidad de California en San Francisco sostiene que las neuronas situadas en la parte superior de nuestra materia gris son las responsables de esta dificultad en la comprensión,  y de que haya gente incapaz de detectar los cambios de tono del lenguaje hablado.
"Lo que estamos viendo aquí es que hay neuronas en el cerebro neocortex (la parte superior y más reciente del cerebro) que están procesando no sólo lo que dicen las palabras sino también cómo se dicen", explica la neurocirujana Claire Tang, directora de este estudio publicado en la revista Science.

No se trata de una cuestión de pureza de alma, entonces, sino de neuronas. Apiadémonos de estos pobres sujetos, seres incapaces de percibir una ironía, en un mundo que la eligió como estilo de comunicarse. 

La Nación, domingo 3 de septiembre de 2017.-

Comentarios

JOSÉ LUIS dijo…
La ironía es una herramienta bellísima. Hay textos enteros escritos desde un prisma irónico que perderían todo el encanto si se viesen reducidos a una versión plana y descriptiva de la realidad. La denuncia social, política, económica, cualquier tipo de denuncia en definitiva, adquiere un filo más incisivo e hiriente cuando se hace uso de la ironía. Los comediantes la emplean muy a menudo y dotan a sus shows de un tono que les permite tratar temas que de otro modo resultarían realmente ofensivos.